Los secretos del antiguo Egipto continúan apareciendo bajo la arena, entre los restos de antiguos templos y en el interior de tumbas que todavía plantean numerosos interrogantes. Cada campaña arqueológica aporta nuevas piezas para reconstruir una civilización que, miles de años después, sigue despertando una fascinación difícil de igualar.
En este episodio de Misterioso Universo en la Red, Víctor Pérez conversa con el egiptólogo y epigrafista Javier Martínez Babón, cuya trayectoria está estrechamente vinculada a la investigación arqueológica en Luxor. A través de su experiencia conocemos la realidad cotidiana de una excavación, algunos de sus descubrimientos más emocionantes y las historias que pueden ocultarse detrás de un fragmento de cerámica, una inscripción o una tumba aparentemente vacía.
La entrevista también se adentra en la figura de Tutankhamón, en el trabajo de Howard Carter y en la desconocida relación del arqueólogo británico con España. Una conversación que une arqueología, historia, vocación y misterio, pero que también muestra la paciencia y el esfuerzo necesarios para recuperar científicamente el pasado.
Javier Martínez Babón: una vocación nacida en la infancia
El interés de Javier Martínez Babón por las civilizaciones antiguas comenzó cuando todavía era muy joven. Egipto, Mesopotamia y las culturas mesoamericanas despertaban en él una atracción especial, aunque durante los años setenta resultaba mucho más difícil encontrar libros y materiales especializados que en la actualidad.
Al comenzar sus estudios universitarios comprobó que las universidades españolas de aquel momento no ofrecían una formación específica en egiptología. Tras licenciarse en Historia Antigua en la Universidad Autónoma de Barcelona, encontró la posibilidad de ampliar sus conocimientos en Alemania.
En 1988 se trasladó a la Universidad de Tubinga con la intención inicial de permanecer durante seis meses. La experiencia terminó prolongándose durante cinco años. Allí estudió egiptología, aprendió alemán y reunió la documentación necesaria para preparar una tesis doctoral dedicada al armamento del antiguo Egipto.
Sin embargo, la formación académica era solamente una parte del camino. Para convertirse en arqueólogo de campo todavía necesitaba participar directamente en una excavación. Esa oportunidad llegó cuando se incorporó a una misión de la Universidad de Tubinga que trabajaba en la tumba de Padineith, identificada como TT 197, en la necrópolis tebana de Luxor.
Posteriormente trabajó en la monumental tumba de Montuemhat, TT 34, y terminó incorporándose al proyecto de excavación, restauración y puesta en valor del templo de Millones de Años de Tutmosis III, dirigido por la egiptóloga Myriam Seco Álvarez.
Su trayectoria demuestra que la arqueología no comienza con un descubrimiento espectacular. Antes son necesarios años de formación, aprendizaje de idiomas, especialización, trabajo documental y perseverancia. Solo después llega la posibilidad de enfrentarse directamente a los secretos del antiguo Egipto.
El templo de Millones de Años de Tutmosis III
Uno de los grandes protagonistas de la entrevista es el templo de Millones de Años de Tutmosis III, situado en la orilla occidental de Luxor. El proyecto comenzó en 2008 mediante una colaboración entre especialistas españoles, las autoridades egipcias y diferentes instituciones académicas.
La denominación puede resultar extraña para quien la escucha por primera vez. No significa que el edificio tenga millones de años. Era una expresión empleada por los propios egipcios para referirse a templos destinados a preservar eternamente la memoria y el culto del faraón fallecido.
Estos complejos cumplían funciones religiosas, funerarias, económicas y administrativas. En ellos trabajaban sacerdotes, escribas, artesanos y otros empleados encargados de mantener el culto al monarca y a las principales divinidades. En el caso del templo de Tutmosis III, Amón-Ra ocupaba un lugar fundamental.
Cuando comenzó el proyecto, buena parte del yacimiento permanecía cubierta por la arena. Apenas podían distinguirse acumulaciones de tierra, algunos bloques de piedra y restos de las estructuras de adobe. El paso del tiempo había destruido gran parte del conjunto y muchos de sus materiales habían sido reutilizados como cantera para otras construcciones.
Después de años de excavación, el equipo consiguió delimitar el perímetro del templo e identificar diferentes zonas del complejo. La investigación reveló que el lugar no contenía únicamente los restos del edificio levantado durante el reinado de Tutmosis III. Bajo sus estructuras y en los terrenos circundantes aparecieron tumbas pertenecientes a periodos históricos muy distintos.
Algunos enterramientos son aproximadamente quinientos años anteriores al templo, mientras que otros fueron realizados varios siglos después de que el edificio dejara de utilizarse. Esto convierte el yacimiento en un espacio arqueológico especialmente complejo, donde diferentes etapas de la historia egipcia se superponen.
La Universidad de Sevilla destaca que el templo contaba con patios, un pórtico, una sala hipóstila y diferentes capillas dedicadas al faraón, a miembros de la familia real y a diversas divinidades. El proyecto continúa estudiando tanto su arquitectura como los materiales recuperados.
Un lugar de culto convertido también en necrópolis
Los trabajos han permitido descubrir tumbas correspondientes al Primer Periodo Intermedio, el Reino Medio y otras etapas posteriores. Cada enterramiento ofrece información sobre las costumbres funerarias, las condiciones de vida y la evolución histórica de la antigua Tebas.
Entre los descubrimientos mencionados por Javier Martínez Babón se encuentra el cuerpo momificado de una mujer enterrada boca abajo. Esta posición, conocida como decúbito prono, resulta poco habitual dentro de las prácticas funerarias egipcias. El equipo continúa investigando sus posibles causas y buscando enterramientos semejantes que ayuden a interpretar el hallazgo.
También apareció una tumba del Reino Medio parcialmente protegida por el derrumbe de su techo. Aunque las piedras habían dañado el cuerpo de la mujer allí enterrada, el colapso impidió que una parte del ajuar fuese saqueada. Junto al cadáver se conservaron diferentes joyas.
Cuando los arqueólogos extrajeron las piezas, la suciedad impedía identificar con claridad el metal. En un primer momento pensaron que podían ser objetos de cobre. Sin embargo, al comenzar la limpieza apareció el característico brillo amarillo del oro.
El descubrimiento no solo tenía un importante valor estético. La forma y el estilo de las joyas ayudaban a fechar el enterramiento y proporcionaban información sobre las prácticas funerarias del Reino Medio. Los objetos arqueológicos resultan valiosos principalmente por el contexto en el que aparecen y por los datos históricos que permiten recuperar.
Las excavaciones han proporcionado además miles de fragmentos de piedra, cerámicas, cartonajes, restos de papiros, ostraca y huesos de animales. Los ostraca eran fragmentos de cerámica o piedra empleados como soportes de escritura. Muchos contienen anotaciones, mensajes, cuentas o textos administrativos que permiten conocer aspectos cotidianos de la sociedad egipcia.
El estudio de antiguos vertederos cercanos al templo ayuda incluso a reconstruir la alimentación de sus sacerdotes y trabajadores. Los restos de animales, recipientes y materiales desechados muestran que los secretos del antiguo Egipto no se encuentran solamente en los grandes monumentos. También pueden aparecer entre los residuos producidos por quienes habitaron y trabajaron en aquellos lugares.
Esta aproximación a la vida de sacerdotes, trabajadores y habitantes de la antigua Tebas se complementa con el episodio Antiguo Egipto al descubierto: secretos cotidianos. Junto al egiptólogo José Miguel Parra, exploramos los papiros, los robos de tumbas, los rituales funerarios y otras historias que permiten conocer la dimensión más humana de la civilización egipcia.
La emoción y los riesgos del trabajo arqueológico
La imagen popular del arqueólogo suele estar asociada a tesoros y descubrimientos espectaculares. La realidad, sin embargo, incluye largas jornadas, excavaciones en las que aparentemente no aparece nada y situaciones que pueden resultar físicamente exigentes o peligrosas.
Javier recuerda especialmente una experiencia vivida en la tumba de Montuemhat, una de las mayores tumbas privadas conocidas en Egipto. El complejo desciende varios niveles bajo tierra y contiene decenas de cámaras, pozos y corredores.
Durante los trabajos tuvo que bajar a un pozo sobre cuyo interior no existía información precisa. Después de haber explorado otras zonas sin encontrar elementos especialmente relevantes, esperaba hallar otra estancia vacía. Al llegar al fondo descubrió una cámara decorada.
En sus paredes aparecía una escena de Anubis preparando el cuerpo de un difunto, acompañado por las diosas Isis y Neftis. También se conservaban representaciones de mesas y listas de ofrendas. La sorpresa de encontrar unas pinturas que no esperaba convirtió aquel descenso en uno de los momentos más emocionantes de su trayectoria.
Otra exploración dentro de la misma tumba fue mucho menos agradable. Al acercarse a la cámara funeraria, el olor revelaba la presencia de una gran cantidad de guano. Al entrar, el equipo descubrió una colonia de murciélagos colgada del techo. Los animales comenzaron a volar alrededor de los investigadores, obligando a extremar las precauciones. Para las campañas posteriores, los miembros del equipo acudieron vacunados contra la rabia.
Estas experiencias muestran las dos caras de la arqueología. Una excavación puede ofrecer un hallazgo extraordinario, pero también obliga a trabajar en espacios estrechos, entre polvo, altas temperaturas, animales y estructuras que deben examinarse cuidadosamente para evitar accidentes.
¿Quién construía los grandes monumentos egipcios?
Uno de los mitos más extendidos afirma que las pirámides, tumbas y templos de Egipto fueron construidos por grandes masas de esclavos. Javier Martínez Babón explica que es necesario distinguir entre épocas y tipos de trabajo.
Durante el periodo de construcción de las grandes pirámides no existía en Egipto una esclavitud masiva comparable con la presentada por algunas películas. Las evidencias arqueológicas indican que en las obras participaron trabajadores egipcios organizados y alimentados por el Estado.
En tiempos de Tutmosis III sí existían esclavos, muchos de ellos procedentes de campañas militares o enviados como tributo desde territorios sometidos. Podían trabajar en canteras, explotaciones agrícolas, labores domésticas y otras actividades. Esto no significa, sin embargo, que todos los trabajadores del templo fueran esclavos.
Los papiros y ostraca encontrados en el yacimiento mencionan sacerdotes y trabajadores, pero hasta el momento no identifican explícitamente mano de obra esclava dentro del templo. Incluso se conservan referencias al traslado de trabajadores entre los templos de Tutmosis III y Hatshepsut cuando algunos enfermaban y debían ser sustituidos.
También resulta fundamental la figura de los artesanos de Deir el-Medina, responsables de construir y decorar las tumbas reales del Valle de los Reyes. Eran profesionales altamente especializados que recibían alimentos, alojamiento y una remuneración por su trabajo.
La conclusión debe formularse con prudencia: la esclavitud existió en determinados momentos de la historia egipcia, pero no puede utilizarse como una explicación general para todos sus monumentos. La arqueología permite sustituir las imágenes heredadas del cine por una visión mucho más compleja.
Howard Carter y el descubrimiento de Tutankhamón
La segunda parte de la conversación se adentra en Howard Carter y en el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón. Aunque algunos aspectos de sus métodos han sido cuestionados desde la perspectiva actual, Javier Martínez Babón insiste en que deben valorarse dentro del contexto arqueológico de principios del siglo XX.
Carter estaba convencido de que todavía quedaba una tumba real por descubrir en el Valle de los Reyes. Diferentes objetos encontrados durante excavaciones anteriores contenían el nombre de Tutankhamón, pero no se había localizado su sepultura. Esta evidencia alimentó su perseverancia.
Después de varias campañas sin resultados, Lord Carnarvon estaba dispuesto a abandonar la búsqueda. Carter consiguió convencerlo para financiar una última temporada. En noviembre de 1922, su equipo encontró la escalera que conducía hasta la tumba.
El descubrimiento no fue el final del trabajo, sino el comienzo de una investigación que se prolongaría durante aproximadamente diez años. La tumba contenía miles de objetos que debían fotografiarse, numerarse, consolidarse y extraerse sin alterar la información proporcionada por su posición original.
La cámara funeraria albergaba cuatro grandes santuarios de madera dorada. Dentro se encontraba el sarcófago de piedra y, protegidos en su interior como si fueran muñecas rusas, tres ataúdes antropomorfos. El más interno fue fabricado en oro macizo y contenía la momia del faraón cubierta por la célebre máscara funeraria.
El proceso exigió una enorme minuciosidad. Los santuarios debían desmontarse sin dañar la madera ni las delicadas decoraciones. Carter documentó el ajuar y trabajó con especialistas como el fotógrafo Harry Burton, cuyas imágenes siguen siendo una fuente esencial para comprender la excavación.
El archivo de Tutankhamón del Griffith Institute de la Universidad de Oxford conserva diarios, fotografías, dibujos, fichas y otros documentos elaborados por Carter y su equipo. Su consulta permite observar la magnitud del trabajo realizado después del descubrimiento.
Tutankhamón: un joven faraón en una época convulsa
La fama contemporánea de Tutankhamón procede principalmente de su tumba, pero su reinado se desarrolló en uno de los momentos más complejos de la dinastía XVIII. El joven monarca heredó las consecuencias de la revolución religiosa impulsada por Akenatón.
Akenatón había limitado el poder del clero de Amón y favorecido el culto a Atón, representado por el disco solar. También abandonó Tebas y levantó una nueva capital, Ajetatón, en la actual Tell el-Amarna. Estos cambios provocaron importantes alteraciones religiosas, económicas y políticas.
Tutankhamón llegó al trono cuando tenía aproximadamente ocho o nueve años. Debido a su juventud, las decisiones estuvieron condicionadas por altos funcionarios como Ay y por militares como Horemheb. Durante su reinado se abandonó el proyecto religioso de Amarna y se restituyeron el culto y los bienes del templo de Amón.
Los estudios realizados sobre su momia indican que el faraón padecía diferentes problemas físicos. Murió con unos dieciocho o diecinueve años, después de un reinado de aproximadamente una década. Ay ocupó el trono tras su fallecimiento y posteriormente fue sucedido por Horemheb.
Horemheb intentó presentarse como restaurador del orden y eliminó de numerosos monumentos los nombres de Akenatón, Tutankhamón y Ay. Esta condena de la memoria, conocida como damnatio memoriae, provocó que Tutankhamón desapareciera de buena parte de los registros históricos.
Paradójicamente, esa desaparición pudo contribuir indirectamente a proteger su tumba. La entrada terminó cubierta por escombros procedentes de excavaciones posteriores y el sepulcro quedó olvidado. Cuando Howard Carter lo descubrió, el faraón casi borrado de la historia se convirtió en el monarca más conocido del antiguo Egipto.
La desconocida relación de Howard Carter con España
La entrevista aborda también una historia poco conocida: las visitas de Howard Carter a España y su relación con Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba. Este episodio es el tema central del libro Tutankhamón. Howard Carter en España, escrito por Javier Martínez Babón y Myriam Seco Álvarez.
La investigación realizada en el archivo de la Casa de Alba permitió encontrar cartas y documentos que revelan la relación del duque con Lord Carnarvon y, posteriormente, con Carter. Jacobo Fitz-James Stuart había estudiado en Inglaterra y mantenía numerosos contactos con el mundo británico. Su interés por la cultura y la arqueología lo convirtió en una figura decisiva para organizar las visitas.
Howard Carter viajó a Madrid en 1924 y 1928. En cada estancia ofreció dos conferencias para explicar los avances de la excavación. El arqueólogo se alojó en el Palacio de Liria y mantuvo con el duque de Alba una relación cordial que continuó mediante correspondencia.
Las conferencias despertaron una expectación extraordinaria. Algunos actos tuvieron que trasladarse a teatros de mayor capacidad y, aun así, hubo personas que no pudieron acceder. Entre el público se encontraban representantes de la monarquía, la aristocracia, la diplomacia y el mundo cultural español.
Después de la primera visita, Carter cedió fotografías y otros materiales para que pudieran mostrarse en diferentes lugares de España. Numerosas instituciones solicitaron estas imágenes, permitiendo que el descubrimiento llegara a un público mucho más amplio.
La documentación del Museo Arqueológico Nacional sobre las visitas de Howard Carter confirma la enorme repercusión de aquellos cuatro actos. La correspondencia también muestra el buen recuerdo que el arqueólogo conservó de sus estancias en España.
El libro fue publicado por Editorial Almuzara y reúne cartas, fotografías, noticias de prensa y otros documentos relacionados con esta conexión española.
Las nuevas tecnologías y los límites de la investigación
Satélites, escáneres tridimensionales, inteligencia artificial, muografía y sistemas de teledetección están abriendo nuevas posibilidades para investigar los secretos del antiguo Egipto. Estas herramientas pueden ayudar a localizar estructuras, documentar espacios y estudiar monumentos sin intervenir físicamente sobre ellos.
Sin embargo, Javier Martínez Babón advierte que los resultados deben interpretarse con prudencia. Una anomalía detectada por un escáner no siempre corresponde a una cámara construida por el ser humano. Las grietas, cavidades naturales y vetas de caliza pueden producir señales difíciles de interpretar.
Las exploraciones realizadas en la tumba de Tutankhamón llegaron a plantear la posible existencia de espacios ocultos detrás de algunas paredes. La hipótesis generó una gran expectación, pero los análisis posteriores no ofrecieron una conclusión definitiva. El asunto permanece abierto y demuestra que la tecnología no elimina la necesidad de contrastar los resultados.
También existen restricciones prácticas. Los drones pueden resultar muy útiles para documentar yacimientos, pero no están autorizados en todas las zonas arqueológicas de Egipto. En el área donde trabaja el equipo del templo de Tutmosis III, su utilización se encuentra restringida.
La tecnología es una herramienta al servicio de la arqueología, no un sustituto del conocimiento histórico, la excavación estratigráfica ni la interpretación científica. Su verdadero potencial aparece cuando se combina con la experiencia de especialistas capaces de evaluar sus resultados.
Esfuerzo, trabajo, honestidad y perseverancia
Al final de la entrevista, Javier Martínez Babón resume el legado que desea transmitir a las nuevas generaciones mediante cuatro conceptos: esfuerzo, trabajo, honestidad y perseverancia.
La arqueología exige levantarse de madrugada, trabajar seis días por semana y soportar grandes cambios de temperatura. Las campañas obligan a permanecer varios meses lejos de casa y a convivir con equipos internacionales formados por especialistas de diferentes edades y procedencias.
También es necesario coordinar a restauradores, epigrafistas, antropólogos, arqueólogos, fotógrafos, dibujantes, inspectores y numerosos trabajadores egipcios. Sin unos objetivos comunes y una organización clara, sería imposible avanzar en un yacimiento de estas dimensiones.
Hay campañas en las que pueden transcurrir varios días o semanas sin que aparezca un objeto llamativo. Eso no significa que el trabajo sea inútil. Cada capa retirada, cada fragmento registrado y cada espacio documentado ayuda a comprender el conjunto.
La perseverancia conecta la experiencia de los arqueólogos actuales con la de Howard Carter. Él continuó buscando cuando otros pensaban que en el Valle de los Reyes no quedaban tumbas por descubrir. Su insistencia terminó devolviendo a la historia a un faraón condenado al olvido.
Una conversación para descubrir el antiguo Egipto desde la arqueología
Este episodio permite acercarse a los secretos del antiguo Egipto desde la experiencia de quien ha dedicado décadas a estudiarlos. Javier Martínez Babón muestra que detrás de cada descubrimiento existen años de formación, jornadas de trabajo, documentación minuciosa y muchas preguntas todavía sin respuesta.
La conversación recorre las tumbas de Luxor, el templo de Tutmosis III, la figura de Tutankhamón y la relación de Howard Carter con España. Pero, sobre todo, explica cómo trabaja realmente la arqueología y por qué el conocimiento del pasado debe construirse con paciencia, rigor y honestidad.
Escucha el episodio completo de Misterioso Universo en la Red y acompaña a Víctor Pérez y Javier Martínez Babón en este viaje por la historia, los descubrimientos y los grandes enigmas de la civilización egipcia.
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Preguntas frecuentes sobre los secretos del antiguo Egipto
¿Quién es Javier Martínez Babón?
Javier Martínez Babón es egiptólogo, historiador y epigrafista. Se formó en Historia Antigua en la Universidad Autónoma de Barcelona y en egiptología en la Universidad de Tubinga. Ha trabajado en diferentes tumbas de Luxor y forma parte del proyecto del templo de Millones de Años de Tutmosis III.
¿Qué es un templo de Millones de Años?
Era un templo funerario dedicado a mantener eternamente la memoria y el culto de un faraón fallecido. La expresión “millones de años” estaba relacionada con el concepto egipcio de eternidad.
¿Quién construyó los grandes monumentos egipcios?
Las evidencias indican que muchos monumentos fueron construidos por trabajadores egipcios organizados y especializados. La esclavitud existió durante determinadas épocas, pero no puede atribuirse automáticamente a todos los proyectos arquitectónicos del antiguo Egipto.
¿Qué se ha encontrado en el templo de Tutmosis III?
Las excavaciones han recuperado restos arquitectónicos, fragmentos de relieves, cerámicas, ostraca, papiros, cartonajes, enterramientos y numerosos objetos de distintas épocas. También se han descubierto tumbas anteriores y posteriores a la construcción del templo.
¿Por qué es tan importante la tumba de Tutankhamón?
Porque conservaba una extraordinaria cantidad de objetos funerarios y permitió conocer aspectos del arte, la religión y la vida cortesana de la dinastía XVIII. Su excavación fue además una de las mejor documentadas de su tiempo.
¿Howard Carter visitó España?
Sí. Howard Carter estuvo en Madrid en 1924 y 1928. Durante sus dos visitas ofreció cuatro conferencias sobre el descubrimiento y la excavación de la tumba de Tutankhamón.
¿Qué relación tenía Howard Carter con el duque de Alba?
Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba, promovió las visitas de Carter a Madrid y lo alojó en el Palacio de Liria. Ambos mantuvieron una amistad y una correspondencia que ha sido estudiada por Javier Martínez Babón y Myriam Seco Álvarez.
¿Pueden las nuevas tecnologías descubrir cámaras ocultas?
Herramientas como la muografía, los escáneres y la teledetección pueden identificar anomalías y espacios desconocidos. Sin embargo, los resultados deben contrastarse porque las cavidades naturales también pueden producir señales semejantes a las de una cámara artificial.



