Cuando entrevisté a Alfonso Balmori a raíz de su libro “Humanos Antena. Cómo nos afectan los cambios atmosféricos y la radiación electromagnética”, tuve una sensación muy clara: estamos luchando contra un enemigo invisible. Un enemigo real, medible, pero que no se ve, y por eso se le deja campar a sus anchas. Y precisamente de eso va este episodio y este artículo: de cómo nos afecta la radiación electromagnética en nuestro día a día, aunque no la veamos.
En las próximas líneas te voy a contar, en primera persona y sin tecnicismos innecesarios, cómo nos afecta la radiación electromagnética al cuerpo, al estado de ánimo y hasta a los animales y los árboles. Verás por qué no es lo mismo la radiación natural que nos ha acompañado siempre que la contaminación electromagnética artificial que hemos creado en pocas décadas. Y todo ello apoyándome en lo que me explicó Balmori, en estudios, asociaciones y recursos que profundizan en cómo nos afecta la radiación electromagnética a nivel global.
Prepárate, porque una vez empiezas a ver esta contaminación invisible y entiendes cómo nos afecta la radiación electromagnética, ya no puedes “des-verla”.
Vivimos rodeados de ondas que no vemos
Un “enemigo invisible” del que casi nadie habla
Si algo me quedó grabado después de hablar con Balmori es esta idea: la contaminación electromagnética artificial es un enemigo invisible. No huele, no hace ruido, no deja manchas… pero está ahí, atravesando paredes, cuerpos y ecosistemas las 24 horas del día. Y eso forma parte de cómo nos afecta la radiación electromagnética sin que nos demos cuenta.
Lo paradójico es que luchamos contra problemas que vemos –basura, humo, manchas de petróleo–, pero apenas hablamos de cómo nos afecta la radiación electromagnética que generan el WiFi, las antenas de telefonía, el Bluetooth, los dispositivos conectados o las líneas eléctricas. Mientras tanto, la tecnología avanza, los beneficios económicos mandan y nadie parece tener demasiada prisa por poner límites más prudentes.
En la entrevista, Balmori insistía en algo que comparto: esta contaminación artificial afecta a todos los seres vivos, no solo a los humanos. Animales, insectos, árboles… todo se ve alterado de una manera u otra. El problema es que los otros seres vivos no pueden quejarse en redes sociales ni presentarse en el médico diciendo “creo que el router del vecino me está sentando mal”, y eso hace todavía más silencioso cómo nos afecta la radiación electromagnética a escala planetaria.
Cuando entrevisté a Alfonso Balmori: lo que más me impactó
A nivel personal, aquella conversación fue “nutritiva” en el sentido más inquietante del término. Me di cuenta de que:
- No estamos hablando de una teoría conspiranoica, sino de algo medible y estudiable.
- Hay intereses económicos enormes detrás de las redes de telecomunicaciones y de la electrónica de consumo.
- Y, lo más duro: la gente apenas se queja, aunque cómo nos afecta la radiación electromagnética se vea reflejado en problemas de salud muy reales.
Cuando Balmori me hablaba de cómo estos campos pueden desorientar a aves migratorias, ballenas o afectar al crecimiento de árboles, pensé: si esto le hace a un árbol que no se mueve, ¿qué no hará en un cuerpo humano que depende de un sistema nervioso finísimo para funcionar bien? Ahí entendí de otra manera cómo nos afecta la radiación electromagnética más allá de la visión puramente humana.
Qué es la radiación electromagnética y qué tipos existen
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Ondas electromagnéticas, espectro y campos electromagnéticos
Vamos a poner orden. La radiación electromagnética no es algo “malo” en sí mismo. Es, básicamente, energía que viaja en forma de ondas: luz visible, ondas de radio, microondas, rayos X, rayos gamma…
Si miras cualquier buen material divulgativo —por ejemplo, algunos reportajes de BBC Mundo sobre radiación electromagnética— verás siempre el famoso espectro electromagnético:
- En un extremo, las ondas de radio y las microondas, de baja frecuencia y baja energía.
- En el centro, la luz visible, la que percibimos con los ojos.
- Y más allá, la radiación ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma, con energía mucho más alta y capacidad de ionizar la materia.
Además de hablar de radiación, se habla mucho de campos electromagnéticos (CEM): son los campos que se generan alrededor de cables eléctricos, antenas, dispositivos, etc. Aunque sean invisibles, se pueden medir con aparatos específicos, y son la base física de cómo nos afecta la radiación electromagnética.
Radiación natural vs radiación artificial: no todo es igual de inocente
Aquí viene una distinción clave que Balmori subraya y que yo también repito cada vez que hablamos de cómo nos afecta la radiación electromagnética:
- La radiación natural incluye cosas como la luz solar, la resonancia Schumann, la actividad eléctrica de las tormentas o el magnetismo terrestre. Lleva ahí desde que el planeta es planeta. Los seres vivos han evolucionado con ella y, dentro de ciertos límites, han aprendido a convivir con esas señales.
- La radiación artificial procede de tecnologías creadas por el ser humano: antenas de telefonía, WiFi, radares, redes eléctricas, dispositivos inalámbricos… Es relativamente reciente en términos evolutivos. Hemos llenado el ambiente de señales pulsadas, moduladas, intensas y continuas para las que nuestro cuerpo no está adaptado.
En la charla con Balmori él insistía: “Con la contaminación natural los seres vivos han aprendido a convivir. Con la artificial, todavía no”. Y la diferencia entre ambas está en el centro de cómo nos afecta la radiación electromagnética hoy en día.
Diferencia entre radiación natural y contaminación electromagnética artificial
La contaminación natural que siempre ha estado ahí
La radiación natural no es “perfecta”, pero forma parte del contexto en el que la vida se ha desarrollado. La luz del sol, por ejemplo, puede quemarnos si nos pasamos, pero también es esencial para la vida. Las tormentas generan campos eléctricos muy intensos, pero llevan millones de años ahí y la fauna ha aprendido a funcionar con ellas.
Podríamos decir que el cuerpo humano tiene, de serie, ciertos mecanismos de adaptación a esas señales. Una parte importante de cómo nos afecta la radiación electromagnética natural se integra en los ritmos circadianos, en la regulación hormonal o en la forma en que nuestro cuerpo responde a la luz.
La contaminación electromagnética artificial que nuestro cuerpo no sabe gestionar
Otra cosa muy distinta es la contaminación electromagnética artificial, que es la que más nos interesa cuando hablamos de cómo nos afecta la radiación electromagnética moderna. Aquí entran:
- Antenas de telefonía móvil (2G, 3G, 4G, 5G…).
- Routers WiFi y repetidores domésticos.
- Redes inalámbricas en oficinas, centros comerciales, transporte público.
- Aparatos que emiten constantemente aunque no los estemos usando.
En la entrevista hablábamos de algo muy concreto: muchas veces se instalan antenas o routers baratos, sin pensar demasiado en su calidad ni en el impacto que pueden tener. Los dispositivos más caros suelen tener mejores sistemas de control, potencia ajustable, filtros… pero claro, cuestan más. Y tanto las empresas como los usuarios solemos buscar lo barato y lo rápido.
El resultado es una exposición constante a una mezcla de señales que nuestro cuerpo todavía no sabe gestionar bien. No tenemos “millones de años de ensayo y error” con estas ondas. Lo que sí vemos, cuando analizamos cómo nos afecta la radiación electromagnética, son síntomas y estudios que apuntan a que algo no va del todo bien.
¿Qué hacen las ondas electromagnéticas en el cuerpo?
A nivel físico, una onda electromagnética puede:
- Inducir corrientes eléctricas en el cuerpo.
- Calentar tejidos (como en un microondas, pero a otra escala).
- Interferir con procesos bioeléctricos sutiles (sistema nervioso, corazón, comunicación entre células).
En la práctica, lo que vemos son efectos biológicos que todavía se están estudiando del todo, pero que se repiten: alteraciones del sueño, cambios en el sistema hormonal, estrés oxidativo… Es aquí donde se hace muy visible cómo nos afecta la radiación electromagnética artificial cuando la exposición es intensa y constante.
Cómo afecta la radiación electromagnética al cuerpo humano
¿Cómo afecta la radiación electromagnética al ser humano?
Cuando alguien escribe en Google “cómo nos afecta la radiación electromagnética”, lo que quiere saber, en el fondo, es qué le puede pasar al cuerpo con tanta antena y tanto WiFi alrededor. Y esa es, seguramente, la pregunta central de este episodio.
En la conversación con Balmori, él hablaba de un aumento de problemas de salud que coinciden con la expansión de la contaminación electromagnética artificial: desde molestias leves hasta enfermedades graves. Evidentemente, no todo se puede atribuir solo a esta causa, pero ignorar cómo nos afecta la radiación electromagnética en la ecuación es, como mínimo, imprudente.
¿Cuáles son los efectos del electromagnetismo en el cuerpo humano?
Entre los posibles efectos que se han descrito, y que asociaciones y expertos llevan años señalando, están:
- Insomnio y alteraciones del sueño.
- Dolores de cabeza frecuentes o intensos.
- Dolores articulares sin causa clara.
- Cambios de humor, irritabilidad, ansiedad.
- Fatiga crónica, sensación de no recuperar fuerzas.
En el extremo más preocupante, Balmori mencionaba leucemias y distintos tipos de cáncer que se han estudiado en relación con la exposición a ciertos campos electromagnéticos. Organismos oficiales hablan de esta relación con mucha prudencia y matices, pero reconocen que la pregunta sobre cómo nos afecta la radiación electromagnética a largo plazo sigue abierta.
Insomnio, dolores de cabeza, cambios de humor y otros síntomas cotidianos
Aquí es donde mucha gente se reconoce. Quizá no nos vemos en un estudio científico, pero sí en:
- Esa mala calidad de sueño desde que pusieron una antena cerca.
- Esos dolores de cabeza que aparecen cuando estamos muchas horas junto al router o con el móvil pegado a la oreja.
- Esos momentos de malestar difuso, como si el cuerpo estuviera siempre en “modo alerta”.
En mi caso, después de la entrevista, empecé a fijarme más en cómo nos afecta la radiación electromagnética en distintos entornos: casas con muchos dispositivos, lugares con muchas antenas alrededor, espacios saturados de WiFi… y no te voy a engañar, empiezas a notar patrones.
Leucemias, cáncer y enfermedades graves: por qué algunos expertos piden más prudencia
Hay que ser honestos: la ciencia oficial va con pies de plomo cuando se trata de afirmar que la contaminación electromagnética artificial “causa” cáncer, y ese rigor es necesario. Pero también es cierto que hay suficientes indicios como para que muchos científicos y asociaciones pidan una aplicación mucho más estricta del principio de precaución.
Cuando analizamos de forma honesta cómo nos afecta la radiación electromagnética en términos de riesgo, la conclusión razonable no es el pánico, sino la prudencia: reducir exposición innecesaria, mejorar la calidad de las infraestructuras y revisar límites que quizá se han quedado cortos.
Cómo afecta el electromagnetismo a nuestra vida diaria
Antenas de telefonía, routers baratos y exposición constante
Aquí es donde la cosa se vuelve muy cotidiana. No hace falta vivir debajo de una torre de alta tensión para notar cómo nos afecta la radiación electromagnética en la vida diaria. Basta con:
- Tener el router pegado al dormitorio.
- Vivir en un bloque de pisos con decenas de redes WiFi superpuestas.
- Pasar horas con el móvil pegado a la oreja o al cuerpo.
- Trabajar en una oficina llena de equipos inalámbricos y dispositivos conectados.
En la charla con Balmori comentábamos algo que me parece clave: la combinación de dispositivos baratos y el culto a lo barato. Los routers de calidad, con mejor gestión de potencia, protecciones y filtros, cuestan dinero. Pero la mayoría de la gente va a lo que le da la operadora de turno, o a lo más barato en la tienda, sin plantearse nada más.
¿Cómo afecta el electromagnetismo a nuestra vida diaria?
La respuesta corta es: más de lo que pensamos. Afecta a:
- Cómo dormimos, porque estamos rodeados de dispositivos que emiten incluso en reposo.
- Cómo nos concentramos, porque el cuerpo está recibiendo señales constantes que no entiende.
- Cómo regulamos el estado de ánimo, porque los sistemas hormonales y nerviosos son extremadamente sensibles.
Cuando hablamos de cómo nos afecta la radiación electromagnética a la vida cotidiana, no hablamos solo de grandes enfermedades, sino de esa sensación de desgaste constante que muchas personas ya han normalizado.
Contaminación electromagnética y otros seres vivos: animales, insectos y árboles
Ballenas y aves migratorias: desorientación en un mundo saturado de ondas
Una de las cosas que más me impactó de la conversación con Balmori fue cuando habló de la desorientación de ballenas y aves migratorias. Estos animales se guían por señales naturales: el campo magnético terrestre, las estrellas, patrones de luz… Si llenamos el ambiente de señales artificiales potentes, es lógico pensar que algo se descompensa.
Parte de cómo nos afecta la radiación electromagnética como especie está también en cómo descoloca a otros seres vivos que forman parte de nuestro ecosistema: varamientos de cetáceos, cambios en rutas migratorias, comportamientos extraños…
Insectos, abejas y ecosistemas más frágiles
Luego están los insectos, especialmente las abejas. Hay estudios y observaciones que apuntan a que la contaminación electromagnética puede afectar a su orientación, su comportamiento y su capacidad de regresar al panal.
Si lo piensas, un ecosistema sano depende de:
- Polinizadores que saben encontrar las flores.
- Insectos que siguen ciclos naturales.
- Cadenas alimentarias que se mantienen en equilibrio.
Si empezamos a bombardear estos sistemas con señales artificiales constantes, cómo nos afecta la radiación electromagnética deja de ser solo un asunto humano para convertirse en un problema de ecosistema.
Árboles y vegetación: la naturaleza también acusa el impacto
Balmori también comentaba los efectos observados en árboles cercanos a antenas, con deterioro en las partes más expuestas. No hace falta que un árbol “tenga cáncer” para que algo no vaya bien: bastan cambios en el crecimiento, estrés, debilitamiento general.
En resumen: cuando hablamos de cómo nos afecta la radiación electromagnética, no estamos hablando solo de nosotros. Estamos hablando de todo el tejido vivo del planeta. Si quieres profundizar en el tema desde el punto de vista de la contaminación electromagnética aplicada a la vida cotidiana, puedes echar un ojo a recursos como el trabajo de Carles Surià sobre contaminación electromagnética.
Por qué no se ponen más medios: intereses económicos y silencio social
Un problema que no se ve… y del que casi nadie se queja
La gran trampa de esta contaminación invisible es doble:
- No se ve. No genera imágenes impactantes para el telediario.
- La gente no se queja de forma organizada. Y los que se quejan, muchas veces, no son tomados en serio.
En la entrevista, yo mismo comentaba con Balmori que muchas personas están enfermas, desarrollan leucemias, distintos tipos de cáncer, sufren insomnios crónicos, dolores fuertes de cabeza… y jamás se les ocurre relacionarlo con el entorno electromagnético en el que viven. Ese desconocimiento forma parte de cómo nos afecta la radiación electromagnética también a nivel social: si no lo vemos, no lo denunciamos.
Mientras tanto, los demás animales, que también sufren ese impacto, no pueden levantar la voz. Son, literalmente, víctimas silenciosas.
El coste de protegerse frente a la radiación electromagnética
Poner medios serios para controlar la contaminación electromagnética cuesta dinero. Hablamos de:
- Diseñar redes de telecomunicaciones con criterios de salud y no solo de cobertura.
- Instalar sistemas de protección, filtros, apantallamientos.
- Regular de forma más estricta las emisiones y las distancias a lugares sensibles.
- Fomentar dispositivos domésticos de mayor calidad, con menos emisiones innecesarias.
Y eso se traduce en costes para las empresas y, en algunos casos, para los usuarios. Mientras no haya una presión social fuerte, lo fácil es seguir como estamos, aunque sepamos cómo nos afecta la radiación electromagnética cuando no se hace nada para reducirla.
Responsabilidad de empresas, gobiernos… y también nuestra
Es tentador señalar solo a empresas y gobiernos, pero también hay una parte incómoda: nosotros mismos.
- Aceptamos routers y dispositivos de baja calidad sin hacernos preguntas.
- Llenamos la casa de cacharros inalámbricos por pura comodidad.
- Y rara vez preguntamos por la potencia de emisión o por modos ECO, por ejemplo.
La moraleja, tal y como la vivo yo después de entender mejor cómo nos afecta la radiación electromagnética, es que no podemos seguir actuando como si no pasara nada. No se trata de volver a las cavernas, sino de poner conciencia, exigir mejor regulación y, en lo posible, reducir la exposición voluntaria.
Qué podemos hacer para reducir la exposición en nuestra vida diaria
Pequeños cambios en casa: móviles, WiFi y hábitos de uso
No hace falta mudarse a una cabaña en medio del bosque (aunque a veces apetece). Hay gestos sencillos que reducen bastante la exposición:
- Apagar el router por la noche, especialmente si está cerca de los dormitorios.
- Evitar dormir con el móvil pegado a la cabeza o debajo de la almohada.
- Usar manos libres con cable o altavoz en lugar de tener el móvil pegado a la oreja durante horas.
- No pegar la cama a la pared donde pasan cables eléctricos potentes o cuadros de luz.
Son detalles que, sumados, cambian cómo nos afecta la radiación electromagnética en nuestros propios hogares.
La importancia de elegir bien el router y otros dispositivos
Aquí volvemos a algo que comentábamos antes: no todos los dispositivos son iguales. Hay routers y equipos que permiten:
- Reducir la potencia de emisión.
- Configurar horarios.
- Trabajar de forma más eficiente, sin estar emitiendo a tope todo el tiempo.
Sí, suelen ser más caros. Pero si empezamos a considerar la calidad electromagnética de nuestros dispositivos como un factor de salud (igual que miramos el azúcar en los alimentos), quizá empecemos a comprar de otra manera. Es una forma directa de mejorar cómo nos afecta la radiación electromagnética en el día a día.
Si quieres ideas más concretas sobre soluciones y protección, el artículo de Carles Surià sobre contaminación electromagnética es un buen punto de partida práctico.
Recursos y consejos prácticos para minimizar la contaminación electromagnética
Además de lo anterior, puedes:
- Priorizar conexiones por cable (Ethernet) cuando sea posible, sobre todo en ordenadores fijos.
- Desconectar dispositivos que no usas en lugar de dejarlos siempre en “stand by”.
- Evitar habitaciones con exceso de aparatos eléctricos junto a la cama.
Son medidas sencillas que, sumadas, hacen que cómo nos afecta la radiación electromagnética sea menos agresivo en nuestro entorno inmediato.
Recursos para seguir profundizando
Asociaciones y colectivos: AVAATE y otros movimientos ciudadanos
Si este tema te resuena y quieres saber más desde un enfoque crítico y ciudadano, merece la pena visitar la web de AVAATE, la Asociación Vallisoletana de Afectad@s por las Antenas de Telecomunicaciones.
Allí encontrarás:
- Información sobre casos reales.
- Recopilación de estudios científicos críticos.
- Acciones legales y sociales relacionadas con antenas y contaminación electromagnética.
Es un buen punto de apoyo para entender cómo nos afecta la radiación electromagnética también desde la perspectiva del activismo y la defensa de derechos.
Artículos recomendados: BBC Mundo y divulgación accesible
Si quieres entender la base de la radiación electromagnética en lenguaje sencillo, varios reportajes de BBC Mundo son una buena entrada. Por ejemplo:
- Piezas donde se explica qué es la radiación electromagnética y cómo nos rodea en la vida diaria, como este tipo de reportajes sobre ondas y tecnología.
- Otros análisis sobre móviles, salud y hábitos de uso que entran, de una forma u otra, en cómo nos afecta la radiación electromagnética en relación con los dispositivos que más usamos, como este artículo relacionado con móviles y salud.
Playlist temática en Spotify para seguir leyendo y escuchando
Si eres de los que les gusta leer o profundizar con una banda sonora de fondo, también puedes acompañar la reflexión con una playlist pensada para este tipo de contenidos:
Más episodios sobre ciencia y tecnología
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👉 Categoría Ciencia y Tecnología
Allí vas a encontrar más programas en los que mezclamos misterio, divulgación y preguntas incómodas sobre el mundo en el que vivimos.
Leer el libro Humanos Antena
Si quieres profundizar mucho más en cómo nos afecta la radiación electromagnética, te recomiendo leer el libro de nuestro invitado, Alfonso Balmori: “Humanos Antena. Cómo nos afectan los cambios atmosféricos y la radiación electromagnética”.
En esa página encontrarás la ficha completa del libro y los enlaces para conseguirlo.
Conclusión: un enemigo invisible que podemos empezar a ver
Después de aquella entrevista con Alfonso Balmori, me quedé con una sensación clara: no podemos seguir tratando la contaminación electromagnética como si no existiera. Entender cómo nos afecta la radiación electromagnética es un primer paso para tomar decisiones más conscientes.
- Sabemos que la radiación electromagnética forma parte de la vida, pero también sabemos que hemos añadido una capa artificial para la que nuestros cuerpos y ecosistemas no están adaptados.
- Vemos síntomas en personas, animales e incluso árboles, y sin embargo seguimos priorizando el rendimiento económico y la comodidad.
- Y mientras tanto, la mayoría de la gente ni siquiera se plantea que el entorno electromagnético pueda estar detrás de cómo se siente.
No se trata de vivir con miedo, sino de empezar a ver lo invisible: preguntarse, informarse y ajustar hábitos. Y, por supuesto, de exigir que las regulaciones, las tecnologías y las ciudades del futuro se diseñen pensando también en nuestra salud y en la del resto de seres vivos. Solo así podremos cambiar realmente cómo nos afecta la radiación electromagnética como sociedad.
FAQs sobre cómo nos afecta la radiación electromagnética
¿Cómo afecta la radiación electromagnética al ser humano?
Afecta a nivel físico y biológico: puede influir en el sueño, el sistema nervioso, el estado de ánimo y, según diversos estudios, podría aumentar el riesgo de ciertas enfermedades cuando la exposición es intensa y prolongada. Entender cómo nos afecta la radiación electromagnética implica mirar tanto los síntomas leves como los posibles riesgos a largo plazo.
¿Cuáles son los efectos del electromagnetismo en el cuerpo humano?
A nivel cotidiano, los más frecuentes son insomnio, dolores de cabeza, fatiga, dolores articulares y cambios de humor. A nivel más profundo se habla de estrés oxidativo, alteraciones hormonales y posibles efectos sobre el ADN. Todo esto forma parte de cómo nos afecta la radiación electromagnética cuando estamos rodeados de fuentes artificiales.
¿Cómo afecta el electromagnetismo a nuestra vida diaria?
Nos acompaña desde que nos levantamos hasta que nos acostamos: móviles, WiFi, antenas, dispositivos conectados… Puede afectar a cómo dormimos, cómo nos concentramos y cómo se autorregula nuestro organismo. Por eso, cuando hablamos de cómo nos afecta la radiación electromagnética, hablamos también de hábitos y de entorno.
¿Qué hacen las ondas electromagnéticas en el cuerpo?
Inducen corrientes, pueden calentar tejidos y, sobre todo, interactúan con procesos bioeléctricos muy sutiles. El cuerpo responde a estas señales como puede, y esa respuesta no siempre es inocua. Comprender cómo nos afecta la radiación electromagnética es, en parte, entender cómo responden nuestras células a esas señales.
¿Qué diferencia hay entre radiación natural y contaminación electromagnética artificial?
La radiación natural lleva ahí desde siempre y los seres vivos han evolucionado con ella. La contaminación electromagnética artificial es reciente, intensa, pulsada y masiva. Nuestro cuerpo todavía no está adaptado a este nuevo entorno, y eso marca una diferencia enorme en cómo nos afecta la radiación electromagnética de un tipo y de otro.









